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Los alimentos fermentados pasan de la sabiduría popular a la nutrición basada en la evidencia

Nuevas revisiones y datos clínicos destacan cómo el kimchi, el kéfir y otros alimentos fermentados pueden favorecer la salud intestinal y más allá —mientras advierten que no todos los productos aportan probióticos vivos.

Los alimentos fermentados pasan de la sabiduría popular a la nutrición basada en la evidencia
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Los alimentos fermentados pasan de la sabiduría popular a la nutrición basada en la evidencia

Un creciente conjunto de ensayos clínicos, revisiones sistemáticas y guías institucionales está afinando el argumento científico de que los alimentos fermentados —desde el kimchi y el kéfir hasta el chucrut y el pan de masa madre— pueden influir en los microbios intestinales, la actividad inmune y el riesgo cardiometabólico, al tiempo que subrayan que no todos los productos fermentados ofrecen de forma fiable beneficios probióticos.

Los datos clínicos apuntan a efectos sobre el microbioma y el sistema inmune

En uno de los ensayos en humanos más seguidos hasta la fecha, investigadores de Stanford Medicine informaron que una dieta de 10 semanas rica en alimentos fermentados aumentó la diversidad del microbioma intestinal y redujo marcadores de inflamación en adultos sanos.1 El estudio aleatorizado de 36 participantes comparó un régimen de alimentos fermentados —incluyendo yogur, kéfir, queso cottage fermentado y kimchi— con una dieta rica en fibra.

Según el informe de Stanford, los participantes asignados al grupo de fermentados mostraron aumentos medibles en la diversidad microbiana y disminuciones en varias proteínas inflamatorias en sangre, lo que sugiere que el consumo regular de productos con cultivos vivos puede ayudar a “ajustar” las respuestas inmunitarias.2

Otros datos en humanos resumidos en una revisión narrativa de Frontiers in Nutrition amplían este panorama. La revisión recopiló estudios de intervención y de cohortes sobre alimentos fermentados “étnicos” y reportó asociaciones con la mejora de los síntomas digestivos, los perfiles lipídicos y la presión arterial en varios ensayos pequeños, al tiempo que reclama estudios más rigurosos y de mayor tamaño para confirmar la causalidad.3

Un ensayo clínico separado citado en una revisión de PubMed Central examinó alimentos fermentados y probióticos en 52 mujeres con síndrome de intestino irritable (SII). Se informó que una dieta estructurada en torno a carbohidratos fermentables y alimentos que contienen probióticos alivió los síntomas gastrointestinales, apoyando un papel de cepas y sustratos específicos en el manejo del SII.4

Más allá de los microbios vivos: metabolitos y “postbióticos”

Aunque los alimentos fermentados se han presentado durante mucho tiempo como vehículos probióticos, investigaciones recientes amplían el foco hacia el “sistema funcional” completo creado por las comunidades microbianas durante la fermentación.

Una revisión exhaustiva sobre los alimentos fermentados como “sistemas funcionales”, publicada en 2025 y disponible en PubMed Central, concluye que los efectos sobre la salud pueden surgir no solo de bacterias lácticas y bifidobacterias vivas, sino también de los metabolitos que producen —ácidos grasos de cadena corta, péptidos bioactivos, vitaminas y otros compuestos descritos colectivamente como postbióticos.5

Los autores de una revisión importante en Current Research in Food Science argumentan de forma similar que la fermentación transforma los ingredientes crudos de maneras que pueden alterar la digestibilidad, la biodisponibilidad de nutrientes y la señalización en los ejes intestino‑cerebro e intestino‑inmune, incluso cuando pocas microbios vivos sobreviven al procesamiento.6

Estas ideas convergen con explicaciones dirigidas al paciente de Cedars‑Sinai, que señala que aunque muchos alimentos fermentados comienzan con microbios vivos, pasos posteriores como el calentamiento o la pasteurización pueden destruirlos, dejando un producto que aún puede contener compuestos derivados de la fermentación pero no probióticos en el sentido estricto.7

Estudios poblacionales vinculan el consumo fermentado con menor riesgo de enfermedades crónicas

La evidencia epidemiológica, aunque observacional y no prueba de causa y efecto, empieza a alinearse con los hallazgos mecanísticos y clínicos.

Un equipo canadiense destacó recientemente un recurso de evidencia “primero en Norteamérica” que resume datos poblacionales sobre alimentos fermentados. Según el grupo de St. Joseph’s Health Care London, grandes estudios de cohorte muestran que las personas que consumen rutinariamente productos como pan de masa madre, chucrut, kimchi y kombucha tienden a reportar menos molestias digestivas y presentan menor riesgo de enfermedades crónicas, incluidas algunas cardiometabólicas.8

El recurso enfatiza que tales asociaciones persisten incluso tras ajustar por factores como la calidad dietética general y el estilo de vida, aunque el confounding residual sigue siendo una limitación. Los investigadores describen por ahora los alimentos fermentados como un “marcador de un patrón dietético más saludable”, a la espera de más ensayos de intervención.

Ensayos controlados sugieren beneficios cardiometabólicos

Ensayos controlados aleatorizados sobre alimentos fermentados individuales están empezando a detallar posibles efectos cardiometabólicos.

Una revisión científica ampliamente citada preparada para la International Scientific Association for Probiotics and Prebiotics (“Health benefits of fermented foods: microbiota and beyond”) recopila múltiples intervenciones en productos que van desde yogur y kéfir hasta pastas de soja y leches fermentadas.9

Un ensayo de 30 adultos que consumieron el condimento fermentado coreano gochujang tres veces al día durante 12 semanas encontró una reducción estadísticamente significativa del colesterol total —de 215,5 ± 16,1 mg/dL a 194,5 ± 25,4 mg/dL (P = 0,001)— en comparación con los controles, según el informe.9 Otros estudios resumidos en la misma revisión describen reducciones modestas de la presión arterial vinculadas a tripeptidos derivados de la caseína generados durante la fermentación de la leche, así como mejoras en algunos marcadores del metabolismo de la glucosa.

Los autores subrayan la alta heterogeneidad en el diseño de los estudios, los productos y las cepas microbianas, y advierten que muchos ensayos son pequeños y de corta duración. Aun así, concluyen que “la evidencia se está acumulando” respecto a alimentos fermentados y componentes específicos en la modificación del riesgo cardiometabólico.

Los organismos médicos refinan el mensaje a los pacientes

Reflejando estos desarrollos, los grupos profesionales están actualizando la forma en que los clínicos hablan sobre los alimentos fermentados.

La American Medical Association publicó recientemente una guía sobre “qué decir a los pacientes” acerca de productos como el kimchi y el kéfir. En el artículo, el gastroenterólogo Dr. Devlin explica que la “conexión más obvia” entre los alimentos fermentados y la salud es la forma en que las bacterias favorables pueden contribuir a la diversidad microbiana en el intestino.10

Sin embargo, el Dr. Devlin y sus colegas subrayan que los beneficios van más allá de añadir bacterias. Destacan el papel de la fermentación en la descomposición de carbohidratos complejos, la generación de nuevos metabolitos que pueden interactuar con el sistema inmune y la potencial modulación de la inflamación —áreas que ahora están bajo investigación activa.

El Nutrition Studies Research Group de Stanford Medicine, en un explicativo público titulado “Why Eat Fermented Foods?”, señala de forma similar que la fermentación puede alterar el pH, potenciar ciertas vitaminas y producir compuestos que pueden afectar la función de la barrera intestinal y las respuestas inmunitarias.2 El grupo sitúa a los alimentos fermentados como un foco de “investigación científica en curso” más que como una prescripción nutricional plenamente establecida.

No todos los alimentos fermentados son probióticos

A medida que crece el interés, investigadores y clínicos enfatizan una advertencia clave: fermentado no equivale automáticamente a probiótico.

Cedars‑Sinai advierte explícitamente que muchos alimentos fermentados disponibles comercialmente están tratados térmicamente o pasteurizados, lo que mata los microorganismos vivos. Esos productos pueden seguir ofreciendo ventajas de sabor y conservación, y pueden conservar algunos componentes derivados de la fermentación, pero no cumplen la definición científica de alimento probiótico, que requiere una dosis conocida de cepas vivas y caracterizadas que confieran un beneficio para la salud.7

La revisión de ISAPP de 2018 hace eco de esta distinción, reclamando un etiquetado más claro y una mejor caracterización del contenido microbiano en los productos comercializados por sus beneficios para la salud. Señala que muchos alimentos tradicionales rara vez han sido analizados para identificar cepas o cuantificar la viabilidad en el momento del consumo.9

Vacíos de evidencia y llamadas a una investigación estandarizada

A lo largo de las revisiones, los autores señalan las mismas lagunas de evidencia. La revisión narrativa sistemática de Frontiers in Nutrition sobre alimentos fermentados étnicos describe una literatura “fragmentada” dominada por estudios humanos pequeños con puntos finales variados, enmascaramiento limitado y seguimiento corto.3 Los autores recomiendan que futuras revisiones acoten su alcance a productos, condiciones o mecanismos específicos y apliquen valoraciones de calidad más rigurosas.

La revisión en Current Research in Food Science aboga por trabajos integradores que vinculen la ciencia de los alimentos, la microbiología y los resultados clínicos, incluido un informe estandarizado de cepas microbianas, parámetros de fermentación y respuestas del hospedador.6 Sin esa armonización, dicen los investigadores, seguirá siendo difícil comparar hallazgos entre estudios o generar recomendaciones dietéticas precisas.

A pesar de las salvedades, las comunicaciones institucionales de Stanford, Cedars‑Sinai, la AMA y St. Joseph’s Health Care London convergen en un mensaje similar: los alimentos fermentados están pasando del ámbito de la tradición culinaria y las amplias afirmaciones sobre la “salud intestinal” hacia un papel más definido y basado en la evidencia en la ciencia de la nutrición, con ensayos activos en curso para aclarar quién se beneficia, con qué productos y mediante qué mecanismos.


Footnotes

  1. Stanford Medicine. “Fermented-food diet increases microbiome diversity, decreases inflammation.”

  2. Stanford Medicine Nutrition Studies Research Group. “Why Eat Fermented Foods?” 2

  3. “Health benefits of ethnic fermented foods” – Frontiers in Nutrition. 2

  4. “Probiotic Functions in Fermented Foods: Anti-Viral …” – PubMed Central.

  5. “Fermented Foods as Functional Systems: Microbial Communities …” – PubMed Central.

  6. “Current Research in Fermented Foods: Bridging Tradition and Science” – Current Research in Food Science. 2

  7. Cedars‑Sinai. “The Health Benefits of Fermented Foods, From Kimchi to Kefir.” 2

  8. St. Joseph’s Health Care London. “First-in-North-America resource touts health benefit of fermented foods.”

  9. “Health benefits of fermented foods: microbiota and beyond” – ISAPP review. 2 3

  10. American Medical Association. “From kimchi to kefir: What to tell patients about fermented foods.”